sábado, 1 de agosto de 2009

Ficción


Me enferma pensar de cierta forma abrupta, en la que mantengo con seguridad la idea de un desagrado inevitable por culpa de tu existencia, y no es que me trasnoche tal idea de odiarte, me molesta y me desvela no conseguir de tu infinita modestia un poco de respeto para mi conciencia, si a los cielos pudiera exigir compasión por mi sentir, que esta más fuerte que los elefantes persas que defienden las murallas de su ciudad, de lo que le pertenece. Ahora bien, si más que ese siempre respeto pudiera pedir que en vez de la razón creyeras en los gnomos y en las hadas mágicas que volarían en tu jardín. Si en vez del sexo incipiente de las bestias y la belleza femenina, decidieras que los besos y las caricias, son más aun excitantes que el orgasmo ligero de una mujer con alma de borrego, si a las mañanas le pusieras la magia in usual de la noche, si a tu calendario le pusieras flores vivas más vivas que mi resurrección en vez de nombres a los meses, si recordaras lo que tenias y que jamás volverás a tener, si tan solo pensaras en la fruta podrida que he comido durante tanto tiempo; si amanecieras e el suelo con la encantadora idea de dormir en mi cama, si a tus ropas le pusiera tejidos finamente hechos por gigantes ebrios, localizados en tu hemisferio borroso, si el recuerdo olvidado por tu embriaguez no fuera yo, si despertaras en la madrugada con sed, y buscaras con urgencia el liquido preciado, si por lo menos tuvieras sed de mi, si en el frió de Bogotá necesitaras de mis cobijas llamados brazos.

Si en vez de buscar satisfacción laboral, buscaras felicidad en tres porciones al día, tanto que te recordaría en la mañana, cuando en el cereal encontrara un beso flotando en la leche de vaca, si no me desagradara tanto al leche, si tan solo el chococrispis supiera a ti, y no es que me importe mucho lo que sabes de mi, me asusta pensar que me criticas sin saber mucho más de mi. Deberías creer en lo mágico, para que las cuatro cuerdas que hay en tu cerebro estuvieran afinadas todo el tiempo, si tan solo supieras que he confundido lo imaginario con la realidad.